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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/54

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Horacio Quiroga

cimiento del monte su ascenso a general. En tales condiciones, y después de semanas de bosque virgen que los fugitivos habían perforado como diminutos ratones, los brasileños guiñaron los ojos enceguecidos ante el Paraná, en cuyas aguas albeantes hasta hacer doler los ojos, el bosque se cortaba por fin.

Sin motivos de unión ya, los hombres se desbandaron. Joao Pedro remontó el Paraná hasta los obrajes, donde actuó breve tiempo, sin mavores peripecias para sí mismo. Y advertimos esto último, porque cuando un tiempo después Joao Pedro acompañó a un agrimensor hasta el interior de la selva, concluyó en esta forma y en esta lengua de frontera el relato del viaje:

—Después tivemos um disgusto... E dos dois, volvió um solo.

Durante algunos años, luego, cuidó del ganado de un extranjero, allá en los pastizales de la sierra, con el exclusivo objeto de obtener sal gratuita para cebar los barreros de caza,—y atraer tigres. El propietario notó al fin que sus

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