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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/58

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Horacio Quiroga

Pero como no podían olvidar a su ex patrón, resolvieron jugar entre ellos a la suerte el cobro de sus sueldos, recayendo dicha misión en el negro Joao Pedro, quien se encaminó por segunda vez a la estancia, montado en una mula.

Felizmente pues ni uno ni otro desdeñaban la entrevista, el peón y su patrón se encontraron; éste con su revólver al cinto, aquél con su pistola en la pretina

Ambos detuvieron sus cabalgaduras a veinte metros.

—Está bien, moreno dijo el patrón.—Venís a cobrar tu sueldo? Te voy a pagar en seguida.

—Eu vengo—respondió Joao Pedro,—a quitar a vocé de en medio. Atire vocé primeiro, e nao erre.

—Me gusta, macaco. Sujétate entonces bien las motas...

—Atire.

—Pois nao?—dijo aquél.

—Pois é—asintió el negro, sacando la pistola.

El estanciero apuntó, pero erró el tiro. Y

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