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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/59

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Los desterrados

también esta vez, de los dos hombres regresó uno solo.

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El otro tipo pintoresco que alcanzó hasta nosotros, era también brasileño, como lo fueron casi todos los primeros pobladores de Misiones. Se le conoció siempre por Tirafogo, sin que nadie haya sabido de él nombre otro alguno, ni aún la policía, cuyo dintel por otro lado nunca llegó a pisar.

Merece este de detalle mención, porque a pesar de haber sorbido nuestro hombre más alcohol del que pueden soportar tres jóvenes fuertes, logró siempre esquivar, fresco o borracho, el brazo de los agentes.

Las chacotas que levanta la caña en las bailantas del Alto Paraná, no son cosa de broma. Un machete de monte, animado de un revés de muñeca de mensú, parte hasta el bulbo el cráneo de un jabalí; y una vez, tras un mostrador, hemos visto al mismo machete, y del mismo revés, quebrar como una caña el antebrazo de un

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