hombre, después de haber cortado limpiamente en su vuelo el acero de una trampa de ratas, que pendía del techo.
Si en bromas de esta especie o en otras más ligeras, Tirafogo fué alguna vez actor, la policía lo ignora. Viejo ya, esta circunstancia le hacía reír, al recordarla por cualquer motivo:
—¡Eu nunca estive na policia!
Por sobre todas sus actividades, fué domador. En los primeros tiempos del obraje se llevaban allá mulas chúcaras, y Tirafogo iba con ellas. Para domar, no había entonces más espacio que los rozados de la playa, y presto las mulas de Tirafogó partían a estrellarse contra los árboles o caían en los barrancos, con el domador debajo. Sus costillas se habían roto y soldado infinidad de veces, sin que su propietario guardara por ello el menor rencor a las mulas.
—¡Eu gosto mesmo—decía,—de lidiar con elas!
El optimismo era su cualidad específica. Hallaba siempre ocasión de manifestar su satisfacción de haber vivido tanto tiempo. Una de