Ir al contenido

Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/64

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
Horacio Quiroga

en aquel medio hostil, del dulce calor de la madre patria.

—E,—decía Joao Pedro a su compatriota, mientras se resguardaban ambos del humo con la mano. Estemos lejos de nossa terra, seu Tirá... E un día temos de morrer.

—E,—asentía Tirafogo, moviendo a su vez la cabeza.—Temos de morrer, seu Joao... E lonje da terra...

Visitábanse ahora con frecuencia, y tomaban mate en silencio, enmudecidos por aquella tardía sed de la patria. Algún recuerdo, nipor lo común, subía a veces a los labios de alguno de ellos, suscitado por el calor del hogar.

—Havíamos na casa dois vacas...—decía el uno muy lentamente.—E eu brinqué mesmo con os cachorros de papae...

—Pois nao, seu Joao...—apoyaba el otro, manteniendo fijos en el fuego sus ojos en que sonreía una ternura casi infantil.

—E eu me lembro de todo... E de mamae... A mamae moza....

60