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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/73

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Van-Houten

Su origen flamenco revelábase en su flema para soportar adversidades. Se encogía de hombros y escupía, por todo comentario. Era asimismo el hombre más desinteresado del mundo, no preocupándose en absoluto de que le devolvieran el dinero prestado, o de que una súbita crecida del Paraná le llevara sus pocas vacas. Escupía, y eso era todo. Tenía un solo amigo íntimo, con el cual se veía solamente los sábados de noche, cuando partían juntos y a caballo hacia el pueblo. Por 24 horas continuas, recorrían uno a uno los boliches, borrachos e inseparables. La noche del domingo sus respectivos caballos los llevaban por la fuerza del hábito a sus casasCorazón-y allí concluía la amistad de los socios. En el resto de la semana no se veían jamás.

Yo siempre había tenido curiosidad de conocer de primera fuente qué había pasado con el ojo y los dedos de Van-Houten. Esa siesta, llevándolo insidiosamente a su terreno con preguntas sobre barrenos, canteras y dinamitas, logré lo que ansiaba, y que es tal como va:

"La culpa de todo la tuvo un brasileño que me

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