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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/74

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Horacio Quiroga

echó a perder la cabeza con su pólvora. Mi hermano no creía en esa pólvora, y yo sí; lo que me costó un ojo. Yo no creía tampoco que me fuera a costar nada, porque ya había escapado vivo dos veces.

La primera fué en Posadas. Yo acababa de llegar, y mi hermano estaba allí hacía cinco años. Teníamos un compañero, un milanés fumador, con gorra y bastón que no dejaba nunca. Cuando bajaba a trabajar, metía el bastón dentro del saco. Cuando no estaba borracho, era un hombre duro para el trabajo.

Contratamos un pozo, no a tanto el metro como se hace ahora, sino por el pozo completo, hasta que diera agua. Debíamos cavar hasta encontrarla.

Nosotros fuimos los primeros en usar dinamita en los trabajos. En Posadas no hay más que piedra mora; escarbe donde escarbe, aparece al metro la piedra mora. Aquí también hay bastante, después de las ruinas. Es más dura que el fierro, y hace rebotar el pico hasta las narices.

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