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Página:Horacio Quiroga - Los desterrados (1926).pdf/81

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Van-Houten

hablaba que daba miedo, y en el almacén me contaba sus historias sin parar, mientras yo probaba la caña nueva. El no tomaba nunca. Sabía mucha química, y una porción de cosas; pero era un charlatán que se emborrachaba con sus conocimientos. El mismo había inventado esa pólvora nueva—le daba el nombre de una letra―y acabó por marearme con sus discursos.

Mi hermano, me dijo: ―"Todas esas son historias. Lo que va a hacer es sacarte plata". Yo le contesté: ―"Plata, no me va a sacar ninguna". "Entonces―agregó mi hermano―los dos van a volar por el aire si usan esa pólvora".

Tal me lo dijo, porque lo creía a pie junto, y todavía me lo repitió mientras nos miraba cargar el barreno.

Como le dije, hacía un sol de fuego, y la cantera quemaba los pies. Mi hermano y otros curiosos se habían echado bajo un árbol, esperando la cosa; pero el brasileño y yo no hacíamos caso, pues los dos estábamos convencidos del negocio. Cuando concluímos el

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