Desde esta mañana estaba duro, y quería todavía llevar una botella de caña. Yo le dije:
—Para mí, don Luis, que si usted lleva la caña va a fondear de cabeza en el río.
El me contestó:
—Fondear, eso no lo ha visto nadie hacer a Van-Houten... Y si fondeo, bah, tanto da.
Y escupió. Usted sabe que siempre hablaba así, y se fué a la playa. Pero yo no tenía nada que ver con él, porque yo trabajo a un tanto. Así es que le dije:
—Hasta mañana entonces, y deje la cañaacá.
El me respondió:
—Lo que es la cañana, no la dejo.
Y subió tambaleando en la canoa.
—Ahí está ahora, más duro que esta mañana.
Romualdo el visco y Josesinho lo trajeron hace un rato y lo dejaron en la playa, más hinchado que un barril. Lo encontraron en la piedra frente a Puerto Chuño. Allí estaba la guabiroba arrimada al islote, y a don Luis lo pescaron con la liña en diez brazas de fondo.