Esta página ha sido corregida
Horacio Quiroga
vi brillar todavía por largo rato la ventana iluminada, tan baja que parecía parpadear sobre la misma agua. Después la distancia la apagó. Pero pasó un tiempo antes que dejara de ver a Van-Houten tendido en la playa y conver tido en un surtidor, bajo el pie de su socio que le pisaba el vientre.
84