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Página:Humo (1891).pdf/55

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por iván turguenef

cibía otro de coles, que la denunciaba, haciendo saber que fué lavandera de pueblo; la poco afortunada princesa Pachette, cuyo marido acababa de ser nombrado gobernador de provincia, el cual, de repente, Dios sabe el por qué, golpeó al alcalde de la ciudad y se fugó llevándose 20.000 rublos que pertenecían á la Corona; por fin, la turbulenta señorita Zizi y la llorosa señorita Zozo, todas abandonaban á sus compatriotas, reservando para ellos asperezas. Dejemos también nosotros á un lado á todas estas encantadoras damas, alejémonos del famoso árbol á cuya sombra se exponen los trajes en que supera el mal gusto á su coste, ¡y Dios quiera aliviar el tedio que las consume!


II


A algunos pasos del «árbol ruso» se hallaba sentado, al lado de una mesita del café Weber, un hombre de unos treinta años,