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¿Sabes que he despreciado a todos los hombres para darme sólo a tí, espíritu purísimo?
Anuarí, me aterroriza pensar que algún día no vendrás más; que quedaré a ciegas con mis brazos tendidos, esperándote en un desgarramiento del alma, ya sin fin...
¡Anuarí, Anuarí!
Quédate en mí.
Seré más fiel que tu sombra, y más buena que la madre que ha dado a luz.
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