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Estoy ebria de infinito, de dolor y de muerte; ávida de ilimitados espacios...
Allá, en el caos de las grandezas, quisiera vagar mi espíritu, sin hallar ni buscar explicaciones; quisiera saciarse de sublimidad, como se saciaría de sangre la fiera hambrienta.
¡Vida!... ¡Vida!... Si fuera tan potente mi espíritu para dominarte y hacerte esclava de mi voluntad.
¡Oh corazón!... Si te pudiera guardar dentro de mi pecho sólo como una máquina necesaria para el organismo...!
Otoño de 1917.
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