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Qué linda era!
¡Qué linda y qué tierna!
Vino al mundo para hacerme sentir lo que era adoración, para hacer conocer a mi regazo la más dulce de las cargas, para despertar en mi corazón el más santo y bello de los ideales.
¡Y se fué...!
Se fué aquella realidad de un sueño.
¿Es posible, Dios mío, decir que los muertos están más solos que yo?
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