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XIII
Como se aumentan las ondas del mar a medida que el viento sopla, así aumenta la intensidad de mi dolor cuando, la cabeza entre los brazos, me pongo a recordar.
Envidio aun a aquellos seres que no tienen pan, pero que poseen lo que toda la riqueza del mundo no me puede dar.
Alguien que los ame; que escuche con ternuras sus quejas a la vida, y comparta maravillado los raros momentos de felicidad.
En la soledad de mi alcoba jamás encuentro la prueba de que mi existencia sea grata a otro ser; no hay nada que me diga: "Descansa, que vives en otro corazón".
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