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Página:Inquietudes sentimentales - MC0075728.pdf/42

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Si lloro mis lágrimas se congelan. Ya saben éllas que nadie vendrá a enjugarlas. Si me desespero, yo sola me consuelo, imponiéndome tiránica voluntad.

Y así vivo; siempre inquieta, siempre sola, engañándome con ilusiones que no tengo, como los niños que juegan con su caballito de palo creyéndolo de verdad.

¿Qué le importa al mundo ver a un sonámbulo de dolor? No les toca el corazón. Más bien se entretienen en mirarlo, como a una curiosidad.

Sólo tienen alma aquellos seres que sufren; sólo éllos pueden comprender los sollozos de otro ser y estrechar, con honda compasión, la mano huérfana de caricias.

Son tan repetidas las noches en que, hundida la cabeza entre los brazos, me pongo a recordar...

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