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Página:Inquietudes sentimentales - MC0075728.pdf/43

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XIV

Apareciste, Anuarí, cuando yo con mis ojos ciegos y las manos tendidas, te buscaba.

Apareciste, y hubo en mi alma un estallido de vida; se abrieron todas mis flores interiores y cantó el ave de los días festivos.

Y ahora eres mío, como es el agua que se escurre entre los dedos, como las sombras que huyendo se agigantan con el día; eres mío con la inquietud de que siempre te voy perdiendo.

Amo tus ojos que me rinden a tus plantas con languideces de atardecer. Los amo porque atraviesan mis pupilas, como la luz los cristales, y se recrean contemplando mi alma.

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