Esta página ha sido corregida
Anuarí, mientras dormías y tu cuerpo tenía estatuaria quietud, yo he bebido el alma que me abandonabas confiado.
Te he sorbido por los labios, como la abeja la esencia de la flor.
Anuarí; tú solo, con tu belleza, con la luz que irradia bondadosa de todo tu mirar, alivias mi mal.
46—