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Página:Inquietudes sentimentales - MC0075728.pdf/64

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Cuántos hombres hay que careciendo hasta de un jergón para dormir, van a descansar bajo los puentes del río, y por todo abrigo tienen el fango!

¡Qué sarcasmo! Y arriba, en el cielo, hay una blanca sábana que cubre a espíritus alados que no han sufrido, que no saben qué horrible clave encierra la palabra vivir.

Y los hombres que son felices, porque la suerte impía los ha mimado, se embarcan en el bajel de la indiferencia, pletóricos de vida, remando en un mar de sangre, de la sangre de sus semejantes.

No soy feliz ni podría serlo; porque, entonces, no sería hermana de los miserables; porque no tendría el alma ilimitada de indulgencia.

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