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de amor, cobijados bajo las destrenzadas cabelleras de los sauces desolados.
Anuarí ha venido a recostarse en el fondo de mi barquilla, y su mirar me paraliza; clava una aguja entre mis cejas y me estruja el cerebro.
Emocionada de arte de idealismo, entrego mi cabeza al espíritu de mis sueños, al maravilloso Anuarí.
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