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XXXIII
Anuarí, no he visto hoy tu espiritual belleza y estoy sedienta de ella.
Eres el manantial más puro de amor y de arte, donde yo sacio mi sed de idealismos.
Cuando me infiltras tu luz, siento en mí la primavera con todas sus músicas de suspiros y su brotar de flores.
Anuarí, cuando me dejas, sólo tengo energías para escarbar la tierra, ávida de encontrar mi fosa.
Si fuera posible dormirse sintiendo alrededor el aleteo de la vida como un ensueño...
Si el alma pudiera safarse de los corpóreos la-
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