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Página:Inquietudes sentimentales - MC0075728.pdf/85

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XXXIV

Caen mis cabellos, y las primeras tristezas de ocaso ensombrecen mis ojeras.

Las desdichas de la vida han puesto sobre mi frente su sello fatal.

No es ya mi boca, la que alegre reía; hoy finge reir y su mueca miserable parece presagio de horror.

Nada tengo; ¡nada...!

Pobre resto náufrago, pobre harapo de seda que fué brillante; pobre luz que parpadea como el agonizante.

Como las bailarinas viejas arrastran en sus casas los restos de sus esplendorosos vestidos de escena, así arrastro yo mi vida, insolente en su ri-

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