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XXXVI
Rompe su armonía pálida la luna en los pilares del largo corredor.
La sombra de mi cuerpo corre a mi lado y mi inquietudlleva Ambas buscamos el refugio de unos brazos; y en la soledad inmensa, ambas enfermas de amor, escrutamos la noche en espera del amado.
Las rosas blancas caen en la verja formando tálamos nupciales; los lirios de la pradera me ofrecen un lecho inmaculado.
Hay en el ambiente una inquietud erótica, y en todo el jardín un deseo cálido de posesión.
Los pájaros nostálgicos gimen por la ausencia de los amores muertos, mientras la fuente cristalina entrega al viento su canto de pasión.
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