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XLI
Oigo risas de niños. Siento pasitos de seda correr por la alfombra...
Todo es ilusión; no encuentro en parte alguna la dicha.
¡Profundidad, profundidad! ¡Ahógate, espíritu en las profundidas! ¡Corazón! ¡aprende a vivir; no te conmuevas!
¡Corazón! ¡Qué enorme es el precio de tus grandezas! Pides el ser.
Sólo en el dolor puedo saciar mi sed de infinito.
¡Dolor! Me torturas, pero sin tí no podría vivir; se helaría mi pensamiento, como piedra petrificada.
Oigo llantos de niño.
Todo es ilusión...
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