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por Jose A- y Trelles
De armonía y de luz; ora el acento
Conque cantó la plácida Sofia
En el convite de Platon, mas lleno
De dulzura suavisima, que el himno
Del inmortal Baquilides.
Y en medio
De aquel tan bello panorama, donde
Luces y aromas, cánticos y acentos
Aúnanse en tan rítmica armonia,
Ve una mujer mas bella que un ensueño,
Mas dulce que la luz de una alborada,
A la que acaso prodigó el Sabéo
Delicados aromas, en quien puso
Quizá Golconda sus diamantes bellos,
A quien sus galas regaló Lutecia,
El Indo perlas y la selva acentos.
Una mujer hermosa, muy hermosa,
Con ojos negros y cabello negro,
Que sobre blanca, vaporosa nube
Acercándose vá; su níveo seno,
Mal velado entre tules perfumados.
Incitalo al placer; sus entreabiertos
Purpúreos lábios que un suspiro exhalan,
Pedir parecen á sus lábios secos
Un beso ardiente, sonoroso, dulce,
Un ósculo sin fin como el deseo.
¡Ay! y aquella mujer con blanca mano
Que se acerque le indica, y el mancebo
Al escuchar su voz, su voz suave,
Quiso correr y....despertó del sueño...
Conque cantó la plácida Sofia
En el convite de Platon, mas lleno
De dulzura suavisima, que el himno
Del inmortal Baquilides.
Y en medio
De aquel tan bello panorama, donde
Luces y aromas, cánticos y acentos
Aúnanse en tan rítmica armonia,
Ve una mujer mas bella que un ensueño,
Mas dulce que la luz de una alborada,
A la que acaso prodigó el Sabéo
Delicados aromas, en quien puso
Quizá Golconda sus diamantes bellos,
A quien sus galas regaló Lutecia,
El Indo perlas y la selva acentos.
Una mujer hermosa, muy hermosa,
Con ojos negros y cabello negro,
Que sobre blanca, vaporosa nube
Acercándose vá; su níveo seno,
Mal velado entre tules perfumados.
Incitalo al placer; sus entreabiertos
Purpúreos lábios que un suspiro exhalan,
Pedir parecen á sus lábios secos
Un beso ardiente, sonoroso, dulce,
Un ósculo sin fin como el deseo.
¡Ay! y aquella mujer con blanca mano
Que se acerque le indica, y el mancebo
Al escuchar su voz, su voz suave,
Quiso correr y....despertó del sueño...