Va repartida entre las flores gayas,
Y melódicos sones, como grato
Coro celeste, en el espacio inmenso
Siéntense, como un himno de alabanzas
Prodigados á Dios por los Querubes....
Iergue de pronto la abatida frente
Con arrogancia musitada, como
En el árido campo del desierto
Orgulloso el Leon, que su melena
Al céfiro fugaz regala ufano.
Y centellantes los hermosos ojos,
En torno gira con marcado empeño,
Cual si buscara con afán alguna
Visión que acaso á su memoria trae
Fugaz recuerdo de mujer que ha amado.
Mas ya el fulgor ha muerto; ya no brillan;
Súbita sombra los veló, y dos lágrimas
Cáen por sus mejillas, semejando
Limpidas gotas de rocío, y acaso
Son mas ardientes que la lava misma
Que vomita un volcán.
Con voz pausada
"¡Oh, juventud!—esclama,—¡Cuán breve eres
"Isla cielada de la mar bravía,
"Oásis del desierto, frágil vidrio
"Que sólo... sólo en tu bruñido espejo
"Reflejas la ilusión, y á nuestros ojos
"Su brillo muestras, ocultando pérfida
"El dardo cruel de horrible desengaño!!...
"¡Ay!... —volvió á repetir dando un suspiro,—