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JULIETA Y ROMEO.
 
ALVAR.

Y osas pisar, Romeo, esos umbrales?
Y no temes, no temes, indiscreto,
que despierten tus pasos, de Tebaldo
el vengador y ensangrentado espectro?
Yo á mi brazo confio la venganza,
la muerte te daré.

JULIETA (aparte.)

la muerte te daré. Se pierde, cielos!

(D. Alvar ha sacado la espada.)
ROMEO (con orgullosa majestad.)

Hiere!… no tardes, pues… Aquí me tienes
tranquilo el corazon, desnudo el pecho…
Hiere sin vacilar. Eso faltaba
á tu orgullo español… Heme indefenso
sin mas armas en contra de tu espada
sin mas armas, sin mas, que mi desprecio.

(Movimiento de D Alvar.)

Mi desprecio, español!—No te lo he dicho,
pero lo digo ahora. Te aborrezco!

(D. Alvar hace un movimiento para arrojarse á Romeo. Julieta se interpone.)
JULIETA.

Don Alvar, detened.—Decid: si un dia,
perseguido, sin armas, indefenso,
un refugio buscando en vuestra casa
se presentaba á vos un caballero,
un enemigo acaso, vacilarais…
decid, puesta la mano sobre el pecho,
vacilarais, don Alvar, un asilo
en prestarle seguro?

ALVAR.

en prestarle seguro? Oh! no por cierto.

JULIETA.

Y si luego os dijeran: Ese hombre,
de quien vos vuestrú huésped habeis hecho,
mató á vuestro amigo, á vuestro hermano,
decid, desnudariais el acero?
verteriais su sangre en vuestra casa?

ALVAR.

Un hidalgo español nunca en sus hechos
desmiente ni la fé de sus creencias
ni el nombre que ilustraron sus abuelos.
Mas que fuera asesino de mi padre,
estando en mi mansion, mi huésped siendo,
fuera sagrada para mí su vida,
fuera mi casa para él un templo.

JULIETA.

Si un hidalgo español tal se portara,
una pobre mujer…

ALVAR.

una pobre mujer… Oh! lo comprendo.

(Señalando a Romeo.)

Un asilo pidió en este palacio…
bien hicisteis, señora; yo os lo apruebo,
que no cabe el rencor en almas grandes.

(Envaina su espada.)

Yo salvaré la vida de Romeo,
es mi huésped tambien. Nunca han sabido
aborrecer los españoles pechos.

(A Romeo.)

Seguidme si quereis.

JULIETA. (Aparte.)

Seguidme si quereis. Salvó su vida!

ROMEO. (Aparte á Julieta.)

No me quiere matar. Le compadezco!

(Vanse don Alvar y Romeo por el fondo.)





ESCENA V.
JULIETA.
(Permanece un instante sombría y abatida, luego como si tratara de responder á las idea con que lucha, esclama:)

Yo no puedo llorar!… Y sin embargo,
Señor mi Dios, las lágrimas me ahogan!—

(Empieza á manifestarse en sus ojos y ademanes una lijera sombra de delirio.)

Mi padre alli… mi esposo aquí!… Dios mio!
lucha atroz, lucha bárbara, horrorosa!
Capuleto soy yo, y él es Montecho
matador de mi hermano…

(Dominada ya por el delirio.)

matador de mi hermano… Ay! su sombra,
su sombra allí se eleva ensangrentada.
Perdona, hermano! por piedad perdona!
yo le aborrezco pues vertió tu sangre,
y el corazon…

(Cambiando de idea y dando paso á un rayo de razon.)

y el corazon… El corazon le adora!
yo no quiero negarlo… Soy su amante,
soy ya mas que su amante, soy su esposa.

(Deteniéndose repentinamente como si hubiese oido una voz secreta.)

Don Alvar…—Y quién es?—quién es don Alvar?
A que viene ese lujo y esa pompa?—
Qué quiere ese estrangero?… que me pide?
Me conduce al altar… Misericordia!
su esposa yo! su esposa!

(Oprimiéndose el corazon con ambas manos.)

su esposa yo! su esposa! Ay! yo me muero!
Señor, Señor, me volveré yo loca?

(Pausa. Reanimase de pronto y se dirije precipitadamente hácia el fondo, encontrándose al

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