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JULIETA Y ROMEO.
 
TALERM.

Pero no moriré! Muerte aparente
del himeneo aterrará la pompa.
Pálida quedarás y sin sentido,
sin calor, sin aliento; silenciosas
bajarán tu cadáver las doncellas
al panteón do los tuyos ya reposan.
Yo allí te iré á buscar.

JULIETA.

Yo allí te iré á buscar. Y mi Romeo?

TALERM.

Irá á la tumba á demandar su esposa.
Haz pues lo que te he dicho, y de tus ojos,
de tus ojos de cielo el llanto borra.


(Julieta entra en sus habitaciones guiada por Talerm que la acompaña hasta la puerta.)





ESCENA VII.
TALERM.

Será feliz?—No sé. La poca sangre
que resta aun en mis heladas venas,
por la felicidad de sus dos almas
sin vacilar, gustoso la vertiera.
Infalible yo creo mi proyecto
y no obstante… no sé… pero me aterra!





ESCENA VIII.
TALERM, CAPULETO por el fondo.
CAPULETO.

Guarde Dios á Talerm, al majistrado
que sin duda vendrá la ceremonia
con su presencia á honrar.

TALERM.

con su presencia á honrar. Hánmelo dicho!
hanme dicho, señor, que á un estranjero
enlazais vuestra hija, y que su mano
no á un noble veronés, como cumpliera,
á un hidalgo español habéis cedido.

CAPULETO.

Don Alvar, es verdad, debe su cuna
al fértil suelo de la rica España,
mas su ilustre prosapia, su fortuna ,
su corazon que cual su nombre es noble,
me lo han hecho elegir entre los muchos
que pretenden la mano de Julieta,
Es gallardo, es apuesto, es caballero,
y en cien lides y cien, siempre aguerrido
brillo á su nombre dió, fama á su acero.
Le conocéis?

TALERM.

Le conocéis? No sé.

CAPULETO.

Le conocéis? No sé. La hora se acerca,
ya no puede tardar. Todo Verona,
cuando bien le conozca, cual yo mismo
apreciarle sabrá. Mis propios deudos
mis nobles y valientes partidarios,
le aclamarán sin vacilar por gefe,
terror viéndole ser de mis contrarios.
Mas él se acerca.

TALERM. (aparte).

Mas él se acerca. Oh Dios! llegó el instante!





ESCENA IX.
TALERM, CAPULETO, DON ALVAR, deudos , amigos, damas pertenecientes á la casa de Capuleto. Algunas nobles doncellas de Verona vestidas de blanco. Servidores llevando la bandera y el escudo de Capuleto. Las doncellas penetran en la habitación de Julieta y aparecen á poco con ella.
CAPULETO.

Mis deudos, mis amigos, venid todos.
Ya descansan en paz de mi Tebaldo
los restos, ay de mí! junto á las tumbas
do yacen los guerreros Capuletos.
Su muerte nos reclama la venganza,
venganza pronta, amigos. Yo á don Alvar
hoy, al darle la mano de una esposa,
encargo esa venganza placentera.
Celebremos, mis deudos, su himeneo,
aclamadle por gefe, y mi bandera
le conduzca á la lid, y de su hermano
vengue la muerte fiera
matando al asesino por su mano.

(Julieta se presenta acompañada de las doncellas).

Ven, mi Julieta; deja que tu padre

tomándola de la mano).

te conduzca al altar, y ojalá el cielo
derrame sobre tí todas las dichas
que el eterno Señor á mí me niega!—
Que fría está tu mano!—Di, qué tienes?

JULIETA.

Nada, señor, (aparte). Mi vista se oscurece!

TALERM. (aparte).

Su palidez me anuncia que ha seguido
mis consejos.

ALVAR. (acercándose obsequioso á Capuleto).

mis consejos. Señor!