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JOYAS DEL TEATRO.
 
ROMEO. (Despues de un breve instante de silencio.)

Luz de mis ojos, celestial tesoro,
flor bella y perfumada
de mi amor en el valle cultivada
tan solo para mí… ay! yo te adoro
como adora el creyente
al idolo que eleva en sus altares,
como adora el marino
al Dios que con su mano omnipotente
la cólera apacigua de los mares.
Amarte siempre el corazon ansia!

JULIETA. (Con ternura.)

Pero has tardado mucho, vida mia!

ROMEO.

Por tí, Julieta, por tu amor preciado
hazañas y laureles he alcanzado.
Mis naves genovesas
al combate, á la gloria me han llevado,
y en lo mas fuerte allí de la matanza,
y alli de la pelea en lo mas crudo,
me era tu imájen plácida esperanza,
me era tu nombre invulnerable escudo.
Dó quiera el corazon te ha alzado altares,
alcancé para tí do quier laureles,
y tu nombre en las aguas de los mares
con sangre hice escribir á los infieles.
Que tú, Julieta, anjelical y pura,
has sido para mí cual faro incierto
que allá, en la noche oscura,
del caminante audaz el paso guia.

JULIETA.

Pero has tardado mucho, vida mia!

ROMEO.

Y por fin, cuando Génova me ha visto,
en su puerto preciado,
rival del viento y de la mar señora,
entrar con mi galera vencedora;
cuando el pueblo agrupado,
ramas de olivo y de laurel batiendo,
hanme visto, galanas,
cual enebradas perlas, conduciendo
una sarta de naves africanas;
allí, mientras sonaba
el aplauso do quier, do quier los gritos,
con los ojos del alma te buscaba
y á solas me decia:
«Por solo su mirada hechizadora,
por solo su sonrisa sedactora,
mis laureles y aplausos trocaria.»

JULIETA.

Pero has tardado mucho, vida mia!

ROMEO.

Julieta, esposa mia!

JULIETA.

Julieta, esposa mia! Cada noche
yo abria esa ventana
—la ves, Romeo?—y cuantas, cuantas veces
me hallaba aquí la luz de la mañana.
Á la risueña aurora,
á la brisa lijera,
al ave viajadora,
al arroyo que nace en la padrera,
cada dia llorosa preguntaba:
dó está mi bien querido?
y todo se callaba
y el eco solo contestaba: ido!
Penoso el corazon, desecha en llanto
de aquí me separaba
mas triste cada vez en mi quebranto,
y entonces le decia á mi deseo
que al párpado en sollozos se agolpaba:
«es tarde ya! no viene mi Romeo!»

ROMEO.

Porqué llorar, porqué?

JULIETA.

Porqué llorar, porqué? Tambien un dia
al verme triste y sola,
sin nuevas, ay! como tener solia,
yo sospeché de ti.

ROMEO.

yo sospeché de ti. De mi!

JULIETA.

yo sospeché de ti. De mi! Romeo,
perdónale ese error al alma mia!
Fué un sueño… un no se qué… mas recordaba
es de mi sueño mentiroso brillo—   (ba,—
que un dia que en mis brazos te enlazaba,
que amor eterno yo á tu amor juraba,
te di al partir mi cifra en un anillo.

ROMEO.

Y bien!

JULIETA. (sin separar los ojos de la mano de Romeo en la cual lucen dos sortijas.)

Y bien! Y bien! Me figuré… qué loca!
que si un beso tu labio dar queria
á esa prenda de amor, encontraria
al lado de la mia
otra sortija mas tu amante boca.

ROMEO. (sonriendo.)

Oh sospecha infantil!—A un africano,
á un gefe valeroso,
yo, por la prenda de mi amor querida,
la libertad le di y salvé la vida.
«—Toma, me dijo entonces, Nazareno,
«acepta esta sortija: es un tesoro,
«que oculto bajo el oro