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Página:Julio Flórez - Poesías escogidas - hvd.hnlj3c.pdf/13

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No odiéis! Amad! porque el amor encumbra,
Y el odio vil, si como el opio embriaga,
El corazón y el alma apesadumbra;
Este, la luz de la ventura apaga
Y aquél, los antros del dolor alumbra!


Astros.

Oye: tus ojos tan profundas huellas
Han dejado por siempre en mis entrañas,
Que en mis noches tranquilas
Suelo mirar absorto las estrellas
Sobre la cresta azul de las montañas,
Tan sólo porque en ellas
Me parece que miro tus pupilas
Jugar entre la red de tus pestañas.
Y entonces, vida mía,
Pierdo toda la calma,
Y hasta el fondo del alma
Torno azorado la mirada fría;
Y al contemplar de tu desdén los rastros
Por no ver más tus ojos, bien quisiera
Con ira de pantera,
Rasgar los cielos y extinguir los astros!


En la calle.

Ves esa vieja escuálida y horrible?
Pues oye, aunque parézcate imposible:
Fué la mujer más bella entre las bellas;
El clavel envidió sus labios rojos,
Y ante la luz de sus divinos ojos
Vacilaron el sol y las estrellas: