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Página:Julio Flórez - Poesías escogidas - hvd.hnlj3c.pdf/17

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¡Qué noche!

Soñolienta después de la velada
     Sentóse en una silla,
Con los ojos azules entornados
Y la rubia cabeza pensativa.

La blanca luna desde el ancho cielo,
     Como verta pupila,
Al través de las nubes vacilantes
La vió pálida, inmovil y dormida.

Por el terso cristal de la ventana
     La luna fugitiva,
Sin turbar la quietud de aquel ensueño
Rozó el puro rubor de sus mejillas.

Y escondiéndose luego entre los labios
     De la cándida niña,
Retozó con las perlas de su boca:
Rojo nido de aromas y de almíbar.

Yo en silencio doblé tranquilamente
     La cabeza rendida.......
Y contemplé la curva de su seno
Tembloroso, cayendo de rodillas.

Tan hermosa la ví, tan hechicera,
     Tan pura, tan divina,
Que mis labios ardientes se imprimieron
Sobre sus labios de frescura nítida.

No despertó! Pero asustado y mudo
     Me retiré de prisa,
Mientras la luna en el opaco cielo
Se iba ocultando entre la niebla fría.