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Página:Julio Flórez - Poesías escogidas - hvd.hnlj3c.pdf/19

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De pronto, con tristeza,
Doblaste la cabeza
Y rodó la alba flor sobre la alfombia,
Sin verla, diste un paso
Y la flor destrozaste blandamente
Con tu escarpín de refulgente raso.
Yo, que aquello miraba, de repente,
Con angustia infinita,
Al ver que la tortura deliciosa
Se alargaba de aquella flor hermosa,
Con voz que estrangulaba mi garganta
Dije á la flor ya examine y marchita:
«¡Quién fuera tú.....dichosa margarita,
Para morir así.....bajo su planta!»


Eterno Olvido.

Hay en el camposanto
un sepulcro ya viejo y carcomido,
hecho de cal y canto,
en cuyas hondas grietas escondido
entona el buho su agorero canto.
¿Quién duerme allí? Se ignora
Aunque el curioso caminante quiera
saber quien allí mora,
no ve ni una inscripción reveladora,
ni el borrón de una lágrima siquiera.
Tupidos matorrales
en que á un tiempo la zarza y la artemisa
cubren aquel puñado de ceniza....
do no llegan las voces terrenales.
¡Qué soledad aquella!
¡ni una flor, ni una cruz, ni una corona.....!
allí sólo descuella
un ciprés que la brisa desmorona
y abrasa con su fuego la centella.