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Página:Julio Flórez - Poesías escogidas - hvd.hnlj3c.pdf/21

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Donde, para que rabien los humanos,
que arrastran sus envidias por el suelo,
¡me devoren en vez de los gusanos,
los buitres y las águilas del cielo!


Un diagnóstico.

En el sucio rincón de una taberna
     fría y desmantelada,
semejante á una lóbrega caverna,
Jorge, el más distinguido camarada,
una noche lluviosa nos decía
     furioso hecho una sopa:
«Tres meses ha que á la adorada mía
le juré no tomarme ni una copa.

Ella en cambio postrándose de inojos
     con un amor profundo,
jurome por la niña de sus ojos,
serme fiel y constante en este mundo.

Y esta noche, Dios mío! en que apretura
     me he visto y en qué potro!
á esa mujer, á quien soñé tan pura,
la he encontrado besandose con otro!

Mas no importa; vosotros, compañeros,
     que sabeis que yo pago
la infamia como pocos caballeros,
mi juramento cumpliré: ¡Ni un trago!

Y al decir esto, en su pestaña rubia
     brilló una gota clara,
una gota, que luego fué una lluvia
que rodó largo tiempo por su cara!