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—Ves?
—Sí.
—Qué ves?
—El ardoroso brillo
que despiden los ojos de mi amada.
—Soñador es la aurora que despunta
en el mundo incorporeo de las almas!
—Sientes?
¡Oh sí!
Qué sientes?
Ella, ella,
en este instante con ardor me abraza.
—Soñador no delires, es la muerte.
Soy yo! me ves? contempla mi guadaña!
Dijo esto con sordonica ironía
la horrible muerte en medio de la estancia,
y el poeta exhaló su último aliento,
y su espíritu huyó como una ráfaga.
Después madre y hermanos todos juntos
alrededor de un féretro lloraban,
en la calle reían, y á lo lejos
doblaban por un muerto las campanas.
—Sí.
—Qué ves?
—El ardoroso brillo
que despiden los ojos de mi amada.
—Soñador es la aurora que despunta
en el mundo incorporeo de las almas!
—Sientes?
¡Oh sí!
Qué sientes?
Ella, ella,
en este instante con ardor me abraza.
—Soñador no delires, es la muerte.
Soy yo! me ves? contempla mi guadaña!
Dijo esto con sordonica ironía
la horrible muerte en medio de la estancia,
y el poeta exhaló su último aliento,
y su espíritu huyó como una ráfaga.
Después madre y hermanos todos juntos
alrededor de un féretro lloraban,
en la calle reían, y á lo lejos
doblaban por un muerto las campanas.
Después del baile
La noche en espantoso paroxismo
Ante la ruda tempestad callaba,
Mientras que el rayo, zarpa del abismo.
Las corpulentas sombras desgarraba,
Ante la ruda tempestad callaba,
Mientras que el rayo, zarpa del abismo.
Las corpulentas sombras desgarraba,
Yo que del baile expléndido salía,
Pensé que aquella tempestad bravía
Era de Dios enérgico reproche......
Y dije con acento lastimero
A la adorada mía
Que temblaba en el fondo de mi coche:
Pensé que aquella tempestad bravía
Era de Dios enérgico reproche......
Y dije con acento lastimero
A la adorada mía
Que temblaba en el fondo de mi coche: