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Página:Julio Flórez - Poesías escogidas - hvd.hnlj3c.pdf/28

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Y quedéme otra vez sin luz ni abrigo
luchando sin cesar en la porfía;
mi fe de un tiempo se marchó contigo....

Ya solo aguardo el plácido embeleso
de la muerte en mi última agonía:
un voluptuoso y calcinante beso.


Sus ojos se entornaron; sobre los blancos hielos
de las altivas cumbres, agonizaba el sol,
y de las densas brumas sobre los amplios velos
quedó flotando a solas, inmóvil en los cielos
el lívido cadáver del último airebol.

La luna como un arco de nívea luz cuajada
subió con lento paso del infinito en pos,
y luego reclinando su frente idolatrada
sobre mi pecho, mira, me dijo mi adorada,
¡qué barca tan hermosa para bogar los dos!


En la ausencia

Ya la pálida muerta de la noche,
al resplandor de los celestes cirios,
va descendiendo en su enlutado coche;

Mientras que los ensueños y delirios
surgen en los pensiles de la mente,
albos como las garzas y los lirios.

Habla el silencio al corazón y siente
el espíritu un ansia indefinible,
de alzarse hasta el azul resplandeciente.