Pàgina 118 LIBRO DECIMOSEXTO.
Así por esta nave combatían
Aquivos y Troyanos; y Patroclo
Al pabellon de Aquíles ya viniera,
Y lágrimas ardientes derramaba:
Cual fuente cenagosa que cayendo
De altísimo peñasco, en la llanura
Vierte las negras ondas. Cuando Aquíles
Le vió venir lloroso, del amigo
Hubo piedad, y asiéndole la mano,
Así le dijo en halagüeñas voces:
«¿Porqué lloras, Patroclo? Como suele
» Llorar la niña que en veloz carrera
» A su madre siguiendo ya se cansa,
» Y la tira del manto, y la detiene,
» Y la mira llorosa, y la suplica
« Que en sus brazos la tome: así afligido
» Tiernas lágrimas viertes. ¿Anunciarnos
» Quieres infausta nueva , ó á mí solo,
» O á todos los Mirmidones? ¿De Phtia
» Ha venido tal vez un mensajero,
» Y tú la oiste solo? Si no miente
» La fama lisonjera, tu buen padre
» Menetio vive aun, y rodeado
» Vive de los Mirmidones Peleo;
» Y solamente si los dos murieran
» Tristes estar debiéramos. ¿O lloras
» Por los Griegos acaso, que perecen
» Al pié de los navios por su culpa?
» Habla, nada me ocultes, y el origen
» Sepa yo de esas lágrimas.» Al héroe