Página:La Ilíada (Luis Segalá y Estalella).djvu/313

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CANTO DÉCIMONONO

400 «¡Janto y Balio, ilustres hijos de Podarga! Cuidad de traer salvo al campamento de los dánaos al que hoy os guía; y no le dejéis muerto en la liza como á Patroclo.»

404 Y Janto, el corcel de ligeros pies, bajó la cabeza—sus crines cayendo en torno de la extremidad del yugo llegaban al suelo,—y habiéndole dotado de voz Juno, la diosa de los níveos brazos, respondió de esta manera:

408 «Hoy te salvaremos aún, impetuoso Aquiles; pero está cercano el día de tu muerte, y los culpables no seremos nosotros, sino un dios poderoso y el hado cruel. No fué por nuestra lentitud ni por nuestra pereza por lo que los teucros quitaron la armadura de los hombros de Patroclo; sino que el dios fortísimo, á quien parió Latona, la de hermosa cabellera, matóle entre los combatientes delanteros y dió gloria á Héctor. Nosotros correríamos tan veloces como el soplo del Céfiro, que es tenido por el más rápido. Pero también tú estás destinado á sucumbir á manos de un dios y de un mortal.»

418 Dichas estas palabras, las Furias le cortaron la voz. Y muy indignado, Aquiles, el de los pies ligeros, así le habló:

420 «¡Janto! ¿Por qué me vaticinas la muerte? Ninguna necesidad tienes de hacerlo. Ya sé que mi destino es perecer aquí, lejos de mi padre y de mi madre; mas con todo eso, no he de descansar hasta que harte de combate á los teucros.»

424 Dijo; y dando voces, dirigió los solípedos caballos por las primeras filas.