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LA ILÍADA

sin herirle; arrojó éste la suya y no fué en vano, pues se la clavó á aquél en el pecho, entre las tetillas, y le derribó por tierra. Ideo saltó al suelo, abandonando el magnífico carro, sin que se atreviera á defender el cadáver—no se hubiese librado de la negra muerte,—y Vulcano le sacó salvo, envolviéndole en densa nube, á fin de que el anciano padre no se afligiera en demasía. El hijo del magnánimo Tideo se apoderó de los corceles y los entregó á sus compañeros para que los llevaran á las cóncavas naves. Cuando los altivos teucros vieron que uno de los hijos de Dares huía y el otro quedaba muerto entre los carros, á todos se les conmovió el corazón. Y Minerva, la de los brillantes ojos, tomó por la mano al furibundo Marte y hablóle diciendo:

31 «¡Marte, Marte, funesto á los mortales, manchado de homicidios, demoledor de murallas! ¿No dejaremos que teucros y aquivos peleen solos—sean éstos ó aquéllos á quienes el padre Jove quiera dar gloria—y nos retiraremos, para librarnos de la cólera de Júpiter?»

35 Dicho esto, sacó de la liza al furibundo Marte y le hizo sentar en la herbosa ribera del Escamandro. Los dánaos pusieron en fuga á los teucros, y cada uno de sus caudillos mató á un hombre. Empezó el rey de hombres Agamenón con derribar del carro al corpulento Odio, caudillo de los halizones: al volverse para huir, envasóle la pica en la espalda, entre los hombros, y la punta salió por el pecho. Cayó el guerrero con estrépito y sus armas resonaron.

43 Idomeneo quitó la vida á Festo, hijo de Boro el meonio, que había llegado de la fértil Tarne, introduciéndole la formidable lanza en el hombro derecho, cuando subía al carro: desplomóse Festo, tinieblas horribles le envolvieron y los servidores de Idomeneo le despojaron de la armadura.

49 El Atrida Menelao mató con la aguda pica á Escamandrio, hijo de Estrofio, ejercitado en la caza. Á tan excelente cazador, la misma Diana le había enseñado á tirar á cuantas fieras crían las selvas de los montes. Mas no le valió ni Diana, que se complace en tirar flechas, ni el arte de arrojarlas en que tanto descollaba: tuvo que huir, y el Atrida Menelao, famoso por su lanza, le dió un picazo en la espalda, entre los hombros, que le atravesó el pecho. Cayó de bruces y sus armas resonaron.

59 Meriones dejó sin vida á Fereclo, hijo de Tectón Harmónida, que con las manos fabricaba toda clase de obras de ingenio porque era muy caro á Palas Minerva. Éste, no conociendo los oráculos de