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Página:La Ilíada de Homero, Tomo II (Ignacio García Malo).pdf/352

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De aquel lugar, urgiendo con los dardos.
Ya un trabajoso aliento le oprimia,
Y de sus miembros un sudor copioso
Corre por todas partes, no pudiendo
Tomar aliento, ni lograr descanso,
Pues un mal á otro mal sobrevenía,
Y mas á cada paso le oprimia.
      ¡Oh Musas del Olympo habitadoras!
Decidme de qué modo el primer fuego
Cayó en las negras naves de la Grecia.
Héctor estando cerca de Ayax fuerte
Su hasta de fresno con la grande espada
En la juntura de la punta hiere,
Y la corta del todo: Vibra entonces
Ayax de Telamón inútilmente
En su mano esta lanza mutilada,
Cuya punta de acero á largo trecho
Cayendo en tierra resonó. Conoce
Ayax de ánimo ilustre, que la mano
De los Dioses obraba, y se horroriza
Al vér le frustra Jove Alti-Tonante
Quantos designios en la pugna forma,
Queriendo dar victoria á los Troyanos,
Y fuera de los dardos se retira.
En fin, los Teucros lanzan vivo fuego