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Página:La Ilíada de Homero, Tomo II (Ignacio García Malo).pdf/387

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En el ancho terreno se excitaba
El ruído que los golpes de unos y otros
En el metal hacían, en las pieles
Y bovinos escudos bien fornidos,
Con las espadas y hastas de dos córtes.
Ningun varon entonces, aunque astuto,
A Sarpedon divino conociera;
Pues de cabeza á pies estaba envuelto
Entre los dardos, entre sangre y polvo,
Pues siempre en torno al muerto combatian.
Como quando las Moscas susurrando
Entran por Primavera en los redíles,
Donde ordeñan Obejas, y rodean
Los anchos tarros de alba leche llenos;
De esta suerte en contorno del cadáver
Giraban unos y otros. Nunca Jove
Sus fulgurantes ojos apartaba
Del áspero combate: siempre atento
Miraba á unos y á otros, y en su mente
Diversos pensamientos revolvia
Sobre la muerte infausta de Patroclo,
Dudando si debia Héctor ilustre
Darle alli con su acero dura muerte
En la áspera refriega, sobre el cuerpo
De Sarpedon su hijo, igual á un Numen,