Ir al contenido

Página:La Ilíada de Homero, Tomo II (Ignacio García Malo).pdf/400

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
(388)

»El fuerte y grande Aquiles, que quedando
»En sus naves tranquílo, te daría
»Al partir muchas órdenes, diciendo:
»Caballero Patroclo, no retornes
»A mis cóncavas naves, hasta tanto
»Que de Héctor homicida hubieres roto
»La coraza sangrienta en torno al pecho.
»Asi tal vez te dixo, y tú imprudente
» Quedaste persuadido enteramente.”
      Mas con lánguida voz ¡oh tú Patroclo!
Le respondiste de esta suerte entonces:
»Ya te puedes jactar, Héctor osado,
»Porque Jove Saturnio y Febo Apolo
»Te han dado la victoria. Facilmente
»Me han privado la vida, y de mis hombros
»Las armas ellos mismos me han quitado.
»Aunque veinte guerreros, sin su auxilio,
»Me hubieran envestido, aqui quedáran
»Todos postrados con mi lanza ferrea;
»Pero ayudado el hijo de Latona
»De mi infausto destíno me ha vencido:
»Despues me ha herido Euphorbo; y tú el tercero
»Ya muerto, de mis armas me despojas.
»Mas ahora otra cosa he de decirte,