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IX

llamaba Meon, y que había nacido en las orillas del Melesio.

Nada tiene esta version de verosímil, ni lo es mas el que, como dicen unos, Homero fuese hijo de Apolo, y como otros, de Mercurio. Hay quien le supone egipcio, quien babilonio, quien ateniense. Dícese que vivía ochenta años despues del sitio de Troya y tambien se le coloca mucho mas acá, siendo la opinion mas general que existia en el octavo siglo antes de Jesucristo. Lo mas cierto es que sobre ambos estremos no hay nada positivo sino que tenemos unas obras muy grandes, muy curiosas y muy poéticas que todas las tradiciones afirman haber sido compuestas por un hombre que se llamaba Homero; y lo digo con esta brevedad y restriccion, porque hasta existe una carta escrita por un aleman llamado Kottz, en que se dice que el historiador Herodoto y el poeta Homero son tan semejantes que parecen ser una persona misma; y se añade, a la verdad sin prueba ninguna, que si es cierto que en los siglos muy remotos, aparecieron dos poemas titulados la Ilíada y la Odisea, estaban escritos en estilo tan bárbaro y vetusto, que un cierto Cineto de Chio los mudó, les dio un órden mas regular y los puso en un estilo mas arreglado a los conocimientos y adelantos de su época. Hay pues forzosamente que abandonar esta materia y dejar al hombre para ocuparse solo de la obra, que es efectivamente el punto mas interesante de la cuestion.

Las composiciones, pues, de este cantor famoso, á mí ¡pobre pigmeo! me parecen hechas de inspiracion, sin plan, arreglo, ni premeditacion anterior, naciendo de ello sus incoherencias, su desigualdad y, sobre todo, sus infinitísimas repeticiones. Hay en ellas muchísimo estro y poquísimo sistema, cosa fácil de esplicar: un hecho muy grande para aquellos tiempos hirió la imaginacion del poeta, que se apoderó de él, se lo identificó y vivió con él de tal manera que la guerra de Troya y Homero son y han sido hasta hoy día una cosa misma. Era este, en efecto, un manantial muy abundoso de poesía, mayormente en un siglo de supersticiones y con una religion tan brillante y cercana á la esencia del hombre; este es, la Ilíada , y hallo que su autor se gozó tanto en su asunto que, despues de haberlo apurado directamente en todas sus faces, quiso aun aprovechar sus conse-