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—«Gran rey, responde Ulises, tan sublimes,
Tan altos pensamientos no concibas,
En mí nada á los Númenes semeja.
Solo un infausto soy de los que arrastran
Por la tierra su afan y sus miserias
Infeliz soy cual ellos y á mas grado
Si los contrastes y los males cuento
Que á la inclemencia de los Dioses debo
Mas deja que el dolor recobre alientos;
Deja que gozar pueda de los bienes
Que aqui me prodigais. El hambre insana
Solo escucha los gritos de Natura;
¡Ley vergonzosa que el pesar sofoca
Hasta hallarse el instinto satisfecho!
Mas vosotros, benignos, á la vuelta
De la aurora, impulsad mi ansiada marcha
¡Oh sí! á la patria devolved, piadosos
El triste que anonadan tantas penas.
¡Oh vea yo mi herencia, mi palacio,
Mi familia, aunque al verlos morir deba!»
Cesa y aplauden todos estos votos,
Todos su marcha apresurar prometen.
Hechas las libaciones postrimeras
Todos van al descanso de sus lares
Mas Ulises, sentado, solo queda

    la comun los huesos y restos fosiles hallados en el centro de la tierra. Esto era puramente endémico, procedente del clima, de los alimentos y de mil otras causas particulares que pueden desvirtuar las proporciones de la sabia naturaleza y que siempre son en menoscabo de la vida. La existencia de castas enteras de hombres tales no es creible, porque no está en las reglas geométricas de la creacion; pero la poesía natural del hombre todo lo hiperboliza. La Escritura Sagrada cita al gigante Og que tenia 15 pies de altura, á Goliath que tenia 11; nosotros hemos tratado mucbo á Picard, cuyo esqueleto esta todavia en Paris, que tenia 8. Los Gigantes de la mitologla, nacieron de la sangre de la llaga de Urano herido por su hijo Saturno, y fueron sepultados debajo de los montes, por haberse atrevido á Júpiter.