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Quiso que en una balsa me àrriesgase;
Dióme vino, alimentos y vestidos
Y soplar hizo vientos favorables.
La mar corrí por diez y siete dias;
Vuestros montes y selvas ví al siguiente
Y dilatóse el pecho á tanta vista.
¡Infeliz! otras ansias me esperaban.
Neptuno, airado, desató los vientos
Y sacudió la mar en sus abismos.
En vano combatí las olas fieras;
No pude ya en mi balsa sostenerme;
Echéme á nado en el abismo inmenso;
Los vientos y las aguas, á las rocas
Con furor me arrojaban. Triturado,
Sin duda pereciera en una costa
Toda de risco hirsuta. En tal conflicto,
Vuelvo al centro del mar y, entre fatigas
É inauditos esfuerzos, al fin logro
A la boca llegar de vuestro rio,
Allí vi una ribera sin pedriscos,
Sin roca, y contra el viento quieto asilo;
Allí restauré el ánimo y los brios.
Llegó la noche y arrastrarme pude
Algo lejos del agua, en unas sombras,
Y me compuse un lecho con las hojas.
Una Deidad, sin duda, me dió el sueño
Pues pude descansar la noche toda,
Y durmiendo me hallaba todavía
Cuando el sol ya su curso remataba.
Cedió el letargo en fin; miro afanoso
Y veo en la ribera divertidas
Unas mugeres y una Diosa entre ellas.
Tu hija fué; postréme á sus rodillas;
Imploré su piedad. Ostentar supo
Razon y madurez en mayor grado
Que pudiera esperarse de sus años.
¡Es juventud tan frívola y ligera!