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De tal monstruo es castigo merecido,
Y tal perezca el que imitarle pueda.
Mas ¡Ulises! Ulises esforzado!
¡Se rompe el pecho al contemplar sus penas!
¡Desventurado! lejos de los hombres
Y sin amigos, gime ha largos días
Entre las selvas que la isla cubren
Donde la hija fiera le cautiva
De aquel Atlas que sabe los secretos
Que los abismos de la mar recelan,
Y que posee las inmensas trabes
Que tierra y cielos á la vez sustentan.
Con tiernas voces y caricias muelles
Calipso intenta que la patria olvide,
Mas Ulises tan solo ver desea
De su Ítaca alzarse los vapores,
Aunque, cumplido el voto, morir deba.
¡Oh padre del Olimpo! ¿fuera acaso
Que tales desventuras no te muevan?
¿Acaso, cuando en medio de los griegos,
Bajo el muro de Troya, Ulises, pio,
A tu culto ¡oh Señor! sacrificaba,
Merced no pudo hallar en tu clemencia?
¿De dónde tus enojos nacer pueden? »
— « ¡Oh hija amada, le responde el Númen
Que en las nubes impera, ¡cuál acento
Han formado tus labios! ¿cómo fuera

    dudoso en las lenguas modernas, que la mayor parte de los traductores se maltratan entre sí, disputándose el acierto. Esta nos ha parecido una riña de puristas empalagosos, y como nuestra intencion es dar á conocer la obra en su grandiosidad, y no las nimiedades de ella que son tan contendibles, no tenemos reparo en prevenir que en esta parte hemos puesto mas cuidado en la poesía que en la materialidad de la version; el objeto de nuestras notas, á nuestro entender, lleva un interés mas positivo, pues que tiende á esplicar los pasos difusos, a aumentar las nociones y á atraer la atencion sobre los principales defectos y sublimidades de una obra tan vasta y genial.