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Que á Ulises olvidase, el mas sensato,
El mas devoto y fiel de los mortales?
Mas Neptuno terrible, que circunda
Con su tumido manto el mundo entero,
Le persigue porque vengarse intenta
Del valor con que al fiero Polifemo,
Cíclope formidable que Tobosa
Hija de Phorsis, Dios del mar segundo,
Tuvo del Númen en las salsas grutas,
El héroe arrebatar supo la vida.
No anhela el Dios su muerte: su afan solo
Es rechazarle de la patria arena.
Estemos, pues, para su vuelta unidos;
Abjurará Neptuno sus enojos,
Resistir no pudiendo al gran concierto
Que contra su ira forma Olimpo todo. »
— « ¡Oh padre de los Dioses! ¡Juez Supremo!
La Diosa añade; pues los inmortales
De Ulises el regreso todos quieren,
Baje Mercurio, tu leal ministro
A la isla de Oygia, y á la ninfa
One tiene en ella su fatal imperio
Tu inmutable decreto á llevar vuele.
Yo á dispertar del hijo el fuerte brio,
A Ítaca parto, y le daré la fuerza
De juntar sus valientes ciudadanos,
Para que á su presencia vedar sepa
Del palacio el ingreso á esos audaces
Amantes de su madre, que degüellan
Sus bueyes y las reses le devoran.
A Esparta haré, y tambien que a Pilos vaya
El padre á reclamar, fijando á un tiempo
Su fama y de la Grecia el alto aprecio. »
Dice, y calza un coturno de oro puro,
Inmortal prenda, que cual raudo viento
La llevará por tierras y por mares.
Su lanza toma, su terrible lanza,