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Te dirá lo que el cielo me declara,
Lo que en el porvenir sin pena leo.
Pronto a la patria Ulises tornar debe;
Si entre férreas argollas se mirase
Sabria romperlas su fecundo ingenio
Y asegurar la vuelta; mas ahora,
Tú tambien, á tu vez dí, sin falacia:
¿Es el hijo de Ulises el que veo?
Si, que aquesta es su frente, esos sus ojos;
Él es. ¡Oh, cuántas veces nos juntamos
Antes que con los gefes de la Grecia
Para la fatal Troya se embarcara!
Nunca, despues de dia tan infausto
A Ulises vi, ni Ulises verme pudo.
— « Si, cuanto sepa de la suerte mia
Descubriré, Telémaco responde.
Mi madre hijo de Ulises me declara ;
¿Mas de su origen quién dirá el arcano?[1]
¡Oh, cuánto mas valiera haber nacido
De padre obscuro, y de su suerte amigo,
Que entre deudos, feliz encaneciera!
¡Ay que de los mortales el mas triste
Es el que en mi infortunio me dio vida! »
— « Nó, responde Minerva, no presumas
Que al nacer de Penélope, los Dioses

  1. Esta inmoral opinion del poeta griego sobre la incertidumbre del origen del hombre, pudo en la franqueza de aquellos tiempos figurar sin repugnancia en una obra tan grave. Aun en Roma muchos siglos despues se ostentaba sin escrúpulo esta opinion, pues que á la madre se llamaba Certa, nombre que jamas se pensó conceder al padre. Aristofano, el poeta cómico, pretendiendo el titulo de ciudadano, hizo á los magistrados de Atenas, la respuesta misma de Telémaco á Minerva. A tal propósito me permitiré decir que algunos escritores, que se obsequian con el nombre de filósofos, queriendo disculpar las desnudeces que se consiente el estilo antiguo, las cohonestan con el candor y pureza de aquellos tiempos, y dicen que la palabra se ha hecho mas hipócritamente virtuosa á medida que la accion se ha entregado mas frenéticamente al vicio. Asi