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Y á sus restos las honras tributando
Entregaré la madre á un nuevo lazo. »
Siéntanse á voces tales; pero al punto
Mastor, de Ulises el leal amigo,
El confidente amado, se levanta.
Al partir, de su hacienda los cuidados
Le confiara Ulises, pues su zelo
Y el alto imperio que le dió en su gente
Del bien de su fortuna respondian.
Por sus nobles afectos inspirado:
« Hijos de Itaca, esclama, lo que impone,
Oidme todos, un deber supremo.
No haya mas un monarca entre nosotros
De sus súbditos caros ocupado;
No haya ya quien ternezas le dispense
Ni afectos, ni piedad; que todos sean
Tiranos opresores. Ya sus pueblos
A Ulises olvidaron, al rey pio
Que fuera en sus miserias padre tierno.
Nó, de esa juventud ávida y fiera,
De su insolente esceso no me quejo;
Ella el peligro arrostra de la vida;
En la muerte de Ulises confiada,
La fortuna del hijo menoscaba,
Y de la reina ansia robar la mano,
Mas de vosotros ítaqueses pueblos,
De vosotros me indigno y me estremezco.
¡Mudos estais, y al ser tan numerosos,
No os atreveis con un acento solo
A reprimir ese redil funesto! »
— « ¿Audaz Mastor, respóndele Leócrito
El hijo de Evenor, con tu estulticia
Pretendes ¡infeliz! contra nosotros
El pueblo levantar? aunque sea fuerte,
Cara le costaría su locura
Si turbar nuestras fiestas pretendiera.
Si ora tu mismo Ulises pareciese,