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La valerosa nave, y todavía
Vega del sol á los primeros rayos.



CANTO TERCERO.





PILOS.[1]


Del seno de las olas levantado,
El sol se lanza á los etéreos campos,
Para dar á los Dioses su luz bella
Y alumbrar de los hombres las tareas.
La nave en tanto las riberas toca
Do la soberbia Pilos de Neleo
Airosa se levanta. Los pilenos,
Del mar en las orillas, ofrecian
Al Dios cuyo tridente el mundo espanta,
En humilde holocausto; negros toros,
Cincuenta enormes mesas se ostentaban,
Y en cada una, al rededor sentados,
Cincuenta hombres habia, y á cada una
Nueve toros estaban repartidos.
De las víctimas ya los intestinos
Se habian ensayado, y las ijadas,
En honra de los Dioses, sobre el ara
Humeaban al tiempo que á la playa
La nave aborda y se asegura en ella.
Palas salta y Telémaco la sigue;

  1. Todavía de este inagotable argumento de la guerra de Troya ha nacido un tercer poema: este viage de Telémaco ha inspirado la elocuente pluma de Fenelon; al punto de producir una de las obras mas puras, mas sublimes y morales de la literatura francesa. Tal es la consecuencia que alcanza el poeta, cuando sabe escoger con acierto un abundoso asunto para sus inspiracioncs.