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Tan piadosos oficios y las copas
Ya apuradas, Telémaco y la Diosa
A volver á sus naves se preparan.
Mas los detiene Nestor: « No consientan
Júpiter, dice, ni los inmortales
Que dejeis este alcázar cual si fuera
Mansion de un indigente en quien no cabe
Al huésped ofrecer una presea
Que deje la visita compensada.
Aquí tapices, túnicas y ropas
De gran valor estan en abundancia.
Mientras vida haya en mí, será imposible
Que el hijo de aquel héroe tan famoso,
El sucesor del siempre amado Ulises
Pruebe un duro escabel de remadores.
Al faltar yo, será en mis hijos deuda
Ejercer la virtud hospitalaria. »
— « Este acento, Minerva añade al punto,
Del gran Nestor es digno, ceder debe
Telémaco a esta voz. La noche pase
En tu palacio, mientras yo á la nave
Vuelo a ver y ordenar nuestros secuaces.
Yo el mas anciano soy; jóvenes todos,
Los demas por afecto le siguieron.
Mañana iré al país de los Caucones[1]
Donde intereses graves me reclaman.
Tú, generoso anciano, al tierno amigo
Darás un carro y raudos alazanes
Con algun hijo tuyo por custodia,
Para que seguir pueda su jornada. »
Repente a voces tales desparece
En águila imponente convertida.
Todos los circunstantes asombrados

  1. Los Caucones eran un pueblo de Trifilia en la parte mas meridional de la Elida. Segun Estrabon todos los Epeos tomaban el nombre de Cauconios.